Tasajera y la Anatomía Social.

Salimos desde Barranquilla por la troncal Caribe, lo primero que encontramos al lado derecho de la vía una vez cruzamos el río Magdalena, es la Ciénaga Grande de Santa Marta, la laguna de agua salada más grande y productiva del caribe colombiano, con unas 528 mil hectáreas de extensión, es formada en tierras bajas contiguas al mar Caribe, y se encuentra aislada de este por un cordón o banco de arena, justamente encima de ese banco de arena se construyó la vía por la que transitamos.
El paisaje varia, entre más te alejas de Barranquilla y te acercas a Ciénaga, aparecen poblaciones que a simple vista reflejan las condiciones deplorables en las que sobreviven sus habitantes.
Compartimos vehículo con una persona mayor, de las que la sabiduría y los años ya ni abrir los ojos completamente le permiten, al escuchar el comentario que surgió directamente relacionado a las condiciones de habitabilidad en este sector, nuestro octogenario compañero de ruta de forma calmada y sin siquiera presentarse, agregó:
- Compartimos vehículo con una persona mayor, de las que la sabiduría y los años ya ni abrir los ojos completamente le permiten, al escuchar el comentario que surgió directamente relacionado a las condiciones de habitabilidad en este sector, nuestro octogenario compañero de ruta de forma calmada y sin siquiera presentarse, agregó:
Frente a la mirada desconcertada de nosotros, siguió:
- Lo sé, justamente porque estuve allí, descargando y cargando las embarcaciones con ese poco e ‘pescao y vainas raras que se veían, yo creo que aún me deben oler a pescado las manos y los codos. Ni se imaginan con esas calores y el “mono” (sol) en su furor lo que significaba esa vaina, ni existían sindicatos, ni las vainas esas de leyes de trabajo que hay ahora.
Nuestras miradas gritaban la pregunta, al punto de no necesitar formularla, el señor, que después se present present como Hugo, gave:
- Y ajá ¿qué es lo que pasó? se preguntan, si o ¿qué?. Pues bueno, pasó que entró el progreso, las vías que se construyeron mataron parte del ecosistema, vinimos a saber que así se llamaba cuando ya estaba jodido. Y bueno, en parte todo el pueblo se dedicó a lo mismo, es como cuando se sobrecarga un enchufe con varias “T” o conexiones, como en navidad, hay cortocircuitos y apagones. Los peces, las ostras, los moluscos, se perdieron, y en gran parte la forma en que se sostenían estos pueblos, algunos logramos irnos, otros se quedaron aquí, dónde no hay nada que hacer.
Continuamos charlando en el camino hasta que el señor Hugo se bajó en Ciénaga, nosotros continuamos hacia Santa Marta, la corta conversación en la ruta nos cambiará la percepción sobre estas poblaciones que viven inmersas en agua salada y que ya se han convertido en parte del paisaje por la normalización de sus deplorables formas de sobrevivir en quienes transitamos constantemente esta vía que irónicamente lleva el título “De la Prosperidad”.
Días después decidimos retomar el camino, esta vez con vehículo propio y fotografiar esta realidad, fuimos recibidos por lugareños que trabajan en peajes cercanos, a quienes conocimos de tanto ver en el mismo kiosco al transitar constantemente por esta ruta. Lo que vimos en muchos momentos, mientras caminábamos con ellos, resultaba ficticio para quienes habitamos en privilegios como techo, comida o internet, lo que primero llamó nuestra atención fue la inexistencia de servicios públicos, en gran parte de la población, especialmente los denominados básicos como el de aseo o de acueducto, ni hablar de la electrificación que en muchos casos provienen de conexiones dudosas a cables de alta tensión que se levantan encima de la troncal.
Esta al igual que muchas poblaciones anfibias de nuestro Caribe vive rodeada de un agua que no cumple con su fin de dar vida, sino que al contrario, aloja desechos y es cuna de infecciones, enfermedades cutáneas, gástricas y respiratorias ya normales en sus habitantes.
Continuamos con nuestro recorrido, entendiendo cómo emplean los desechos para subir los niveles de sus casas, debido a que habitan en una condición de riesgo no mitigable, es decir, en época de invierno o lluvias, siempre, no algunas veces, siempre se van a inundar, la recursividad de no contar con un servicio de aseo, los lleva a construir sus cimientos de casas con la basura que cada uno desecha.

Llegamos hasta el colegio del corregimiento, en total abandono, sin embargo, en esas condiciones los niños que pueden y deciden estudiar aprenden en tableros de tiza ya desgastados a pronunciar y escribir bien sus primeras letras o palabras, buscando ser la excepción a la regla, como fue el caso del señor Hugo y poder salir de su pueblo, debido a la inexistencia de oportunidades de desarrollo allí.
Nos despedimos de quienes amablemente nos recibieron y al volver a la carretera nos topamos con lo que en forma de advertencia nos previnieron los lugareños anfitriones, la forma de saqueo como único medio de subsistencia para algunas familias del sector, no con nosotros, en este caso , sino con un accidente que tenía parado el tráfico.
Es normal mencionar que son “terrenos de nadie” y esa frase hace alusión a la Anomia Social, que no es nada más que la inexistencia de normas básicas de convivencia debido a la realidad alterada en la que habitan y sobreviven estas personas.
Con este especial abordamos cuatro principales territorios anfibios del Caribe Colombiano, dos ubicados sobre la ciénaga grande de Santa Marta y dos ubicados sobre el Mar Caribe. Curiosamente cada uno cerca de grandes ciudades y focos de desarrollo de la Región.
